Antes de explicaros los daños que puede causar este pequeño insecto en nuestros amigos peludos vamos a ver de dónde han salido.
La oruga de los pinos, o comúnmente llamada la procesionaria, debe su nombre a su desplazamiento en grupo de forma alineada, a modo de procesión. Es una de las plagas más importantes de los pinares mediterráneos; hacen sus nidos en los árboles, pinos, cedros y abetos, y se alimentan de sus agujas y brotes.

Ahora que ya sabemos de dónde proceden estos pequeños insectos veamos cómo afectan a nuestros perros.

Sabemos, gracias a expertos en veterinaria y empresas de control de plagas, que esta larva al desprender sus finos pelos, puede producir urticarias y reacciones alérgicas en los humanos. Pero en los perros las consecuencias pueden ser mucho más graves; en contacto con los finos pelos que mencionábamos anteriormente, los canes pueden presentar síntomas como picores, urticarias, sensación de quemazón, y babeo y picor en contacto directo con la boca. No obstante, si éstos ingieren la larva de forma accidental a la hora del paseo, las consecuencias pueden ser nefastas; al tragarse todo el tóxico que contiene el insecto en su totalidad, pueden llegar a sufrir necrosis en la garganta y en la lengua. En muchas ocasiones detectar el problema tarde puede ocasionarle al perro la muerte.

¿Qué podemos hacer nosotros para evitarlo?

Pues bien, en estos casos lo único que podemos hacer es intentar no desplazarnos a lugares donde haya los árboles en los que habitan estas larvas. Así reduciremos considerablemente el contagio. Sin embargo, si el perro se ha topado con la procesionaria:
1- Acudiremos de inmediato al veterinario para que le den tratamiento.
2- Siempre que vayamos a tocar al perro lo haremos con guantes; recordemos que los humanos somos igual de vulnerables a la procesionaria.
3- Sobre todo, si tenemos niños en casa, no dejaremos que se acerquen puesto que ha ellos les afecta mucho más.
4- Si entra en contacto vía ocular o bucal le lavaremos con agua inmediatamente.
5- Intentaremos que el propio animal no se extienda el tóxico rascándose o lamiéndose la zona infectada.
Por último, recordaros que cuando hay mayor riesgo de contagio es en primavera, entre los mese de abril y junio, que es cuando aumentan su actividad y se hacen más visibles.